Hace unos días volvió a ponerse sobre la mesa una discusión que el fútbol colombiano lleva años evitando: la forma en que se reparte el dinero de la televisión. Los ocho clubes grandes del país (Nacional, Millonarios, América, Junior, Santa Fe, Medellín, Deportivo Cali y Once Caldas) se sentaron a exigir cambios en la distribución de esos recursos.

Y hay que decirlo sin rodeos: ya era hora. Para entender por qué, basta con mirar un caso cercano, el del Deportes Quindío.

Durante casi doce años el equipo ha vivido en la segunda división, sin competir seriamente por el ascenso y con una relación cada vez más distante con su hinchada. Pero si uno revisa los números del club, la historia es muy distinta.

Entre 2014 y 2023 el Deportes Quindío recibió cerca de 90 mil millones de pesos en ingresos. No es una cifra menor para un equipo que pasó toda esa década en el Torneo de ascenso, salvo un semestre por allá en el 2021.

Más de 47 mil millones de pesos llegaron directamente de Dimayor y de los derechos de televisión. Es decir, más de la mitad de todo lo que ingresó al club en ese periodo provino de giros institucionales. Lo más llamativo es que ese dinero es el mismo que recibieron, por el mismo concepto, clubes grandes del país, esos mismos que siempre pelean los títulos en Colombia y que van a las copas Libertadores y Sudamericana.

A eso se suman más de 34 mil millones de pesos obtenidos por transferencias de jugadores durante esos años.

El resultado es una ecuación extraña para un equipo de fútbol que tiene hinchada: el 91 % de sus ingresos, en una década, provino de televisión y venta de futbolistas. Muy poco dependió de taquilla, patrocinio o mercadeo.

De hecho, la taquilla del Deportes Quindío entre 2014 y 2023 apenas representó $3.495 millones, menos del 4 % de los ingresos totales. La gente dejó de ir al estadio, pero el negocio siguió funcionando.

Los balances muestran incluso que el modelo dejó ganancias. En esos diez años el club acumuló utilidades cercanas a $9.970 millones, con 2023 como el año más rentable: $4.807 millones.

Es decir, mientras el equipo se acostumbraba a la rutina de la B, las finanzas seguían tranquilas.

Por eso no debería sorprender que durante mucho tiempo la segunda división haya sido un lugar cómodo para varios clubes del país. Equipos como Real Cartagena, Cúcuta Deportivo, Unión Magdalena o el extinto Atlético Huila pasaron largos periodos en el Torneo de ascenso sin que eso significara necesariamente una crisis económica.

El sistema lo permitió, y lo permite. Cuando el dinero llega igual para todos, estén en la A o en la B, no hay urgencia para competir.

Y ahí es donde el debate que hoy plantean los clubes grandes cobra sentido. Si el nuevo modelo de televisión premia audiencia, rendimiento deportivo e inversión, el fútbol colombiano podría empezar a moverse de otra manera.

No se trata de hacer más ricos a los ricos, se trata de que el sistema vuelva a premiar el mérito deportivo.

Y, curiosamente, hoy que se habla de ese posible cambio en el Deportes Quindío se percibe algo diferente. Este año el equipo parece más competitivo, mejor armado, con otra actitud incluso desde la dirigencia, que siempre ha sido felizmente apática.

Entonces uno se pregunta, con algo de malicia futbolera, si en el fondo Hernando Ángel, dueño del Deportes Quindío, sabe que esos cambios en la repartición de los recursos se terminarán dando pronto.

Porque si el dinero importante empieza a repartirse entre los que realmente compiten en la A, la comodidad de la B dejará de ser negocio. Y en ese escenario, al Deportes Quindío no le quedará otra opción que volver a hacer lo que durante años olvidó: competir en serio.


Por: Jhon Mario Zuluaga. Socio Acord Quindío
Foto: Generada con Inteligencia Artificial