El empate 0-0 ante Real Santander volvió a dejar sobre la mesa la misma pregunta: ¿por qué el Quindío no juega desde el comienzo con la fórmula que mejor le funciona?

Hay partidos que dejan puntos en el camino y otros que, además, dejan preguntas. El empate 0-0 del Deportes Quindío ante Real Santander, por la octava fecha del Torneo II del Ascenso 2026, pertenece a los dos grupos.

El conjunto milagroso volvió a dejar escapar dos puntos en casa y, más allá del resultado, volvió a mostrar una situación que ya empieza a convertirse en una constante: el equipo parece encontrar su mejor versión cuando cambia la estructura táctica con la que inicia los partidos.

No quisiera ser repetitivo ni cansón con el tema, pero cuando la insistencia se mantiene y los resultados no terminan de aparecer, es inevitable preguntarse: ¿por qué seguir haciendo lo mismo?

Harold Rivera insiste en comenzar con tres centrales, dos de ellos en su posición natural y Fredy Valencia improvisado en esa línea. El resto del equipo se acomoda a una estructura que, al menos durante buena parte de los partidos, termina haciendo al Quindío predecible.

Sí, tiene la pelota.

Sí, administra el juego.

Pero muchas veces lo hace lejos de donde realmente puede lastimar.

El rival se siente cómodo, se repliega, cierra espacios y espera. Y mientras el Quindío circula el balón sin profundidad, el contrario encuentra en el contragolpe y en el error una posibilidad de hacer daño.

Y aquí aparece un dato que ya no parece una simple coincidencia.

En los últimos tres partidos, Rivera ha modificado la estructura y, cada vez, el equipo ha mejorado. Primero lo hizo a los 22 minutos del segundo tiempo y terminó ganando. Después, el cambio llegó a los 14 minutos de la segunda parte y nuevamente ganó. Frente a Real Santander, la modificación llegó mucho antes: a los 39 minutos de la primera parte.

¿Y qué pasó?

El Quindío comenzó a parecerse más a un equipo.

Con cuatro defensores en el fondo y el 4-2-3-1, Valencia pasó a una zona donde se siente mucho más cómodo y productivo. El equipo ganó movilidad, encontró sociedades, tuvo mayor presencia ofensiva y comenzó a generar las opciones que antes no aparecían.

No fue suficiente para ganar, es cierto.

Pero sí fue suficiente para dejar nuevamente una evidencia difícil de ignorar.

El Quindío rinde mejor con cuatro defensores que con tres.

Y si el cuerpo técnico considera que debe mantener la línea de tres, entonces quizá la solución no está en sacrificar a Fredy Valencia como central improvisado. Juan Ocampo es central natural y Valencia ha demostrado que puede aportar mucho más cuando juega en la mitad del campo.

No se trata de decir que el fútbol tiene una única fórmula. No. Habrá rivales y circunstancias que permitan utilizar diferentes estructuras. El problema está en otra parte: cuando una fórmula no termina de funcionar y otra demuestra reiteradamente que hace jugar mejor al equipo, insistir en la primera comienza a parecer una decisión difícil de entender.

¿Estrategia?

¿Cábala?

¿Convicción?

¿Terquedad?

¿Improvisación?

La respuesta solamente la tiene Harold Rivera.

Pero el fútbol, ese que suele ser mucho más sincero que cualquier discurso, parece estar entregando la suya.

Y ahora hay otro elemento que puede cambiar todavía más el panorama: el regreso de Javier Reina. Su presencia le da al Quindío ese socio que conecta líneas, que piensa el último pase y que puede transformar la posesión estéril en fútbol ofensivo. Con Reina en cancha, el equipo puede ser más asociativo, más colectivo y, sobre todo, más agresivo.

Joel Silva también jugó su partido

Ahora bien, sería injusto cargar todo el análisis sobre el funcionamiento del Quindío. Real Santander hizo su trabajo.

Llegó a Armenia con un libreto claro: defenderse bien, cerrar espacios, esperar el error y atacar en transición. Y por momentos estuvo muy cerca de llevarse los tres puntos.

De no ser por Joel Silva, probablemente estaríamos hablando de una derrota.

El arquero volvió a demostrar por qué es uno de los grandes responsables de que el Quindío siga sumando. Al menos en dos acciones claras de gol, sus intervenciones evitaron que el equipo terminara lamentando una noche mucho más amarga.

Del otro lado, el Quindío también tuvo sus oportunidades.

Lo intentó.

Buscó.

Insistió.

Pero apareció nuevamente uno de los males que más le ha costado en este torneo: la falta de definición.

Y cuando un equipo crea, pero no concreta, termina pagando la factura.

El 0-0 deja entonces una sensación agridulce. Porque el Quindío no fue inferior a su rival y, especialmente después de modificar su estructura, fue superior durante varios pasajes. Pero también porque en casa no se pueden seguir regalando minutos ni oportunidades de sumar de a tres.

El torneo avanza, la tabla comienza a tomar forma y cada punto empieza a pesar más.

Por eso, quizá llegó el momento de dejar de buscar respuestas afuera y escuchar lo que el propio equipo está diciendo dentro de la cancha.

El fútbol parece tener una respuesta para Harold Rivera: con cuatro atrás, Valencia en el medio y Reina asociándose con todos, el Quindío juega mejor.

Ahora falta que el técnico decida si la escucha.

Porque el ascenso no se consigue jugando a no perder.

Se consigue saliendo a ganar. Y, sobre todo, aprendiendo de lo que el propio equipo demuestra cuando juega.


Por: Guillermo Valencia Ruiz. Socio Acord Quindío

Foto: Jerson Marín, socio Acord Quindío | Tratamiento visual con IA para ajustar a tamaño horizontal