Ha hecho tendencia entre narradores y comentaristas que hacen ordinariamente el cubrimiento del fútbol colombiano el "juegue-juegue", expresión para, supuestamente, darle más dinámica y menos pérdida de tiempo al juego. De igual manera hay unos árbitros que están echando mano del juegue-juegue para obtener mejores calificaciones de la misma prensa y para seguir algunas orientaciones que son dictadas por los sabios de la Comisión Arbitral.
Sin embargo, observando con detenimiento esta nueva modalidad arbitral, descubrimos que no se mejora en lo que se denomina aceleración del juego y sí se cae en el campo del juego peligroso. Porque hay jugadores que piensan tener patente para desarrollar su estilo bronco sin tener en cuenta la integridad física del oponente. Desde luego que es saludable que se pretenda acabar con las simulaciones y las actuaciones teatrales de algunos jugadores que se caracterizan por su intención de engañar a los árbitros, pero eso no puede dar lugar a un cambio fundamental en la interpretación del capítulo de faltas e incorrecciones. Se dan casos tan evidentes que algunos silbatos tienen que ser llamados posteriormente por el Var para que rectifiquen decisiones sobre la actuación de jugadores agresores. Ah, porque se está confundiendo últimamente, lo que es jugar con agresividad a actuar con agresión al contrario.
La última referencia está señalada en lo sucedido recientemente en el partido que disputaron Junior y Nacional en Barranquilla y en el que el defensor rojiblanco Jermein Peña, agredió gravemente a su colega del equipo antioqueño Rengifo. Una tímida tarjeta amarilla y el llamado del Var para decretar la expulsión.
¿Qué pasa con jugadores como Peña?. Simplemente que han tenido complacencia de parte de los árbitros, de manera que se han creído con licencia para llegar a pegar y pegar en los partidos sin miramientos de naturaleza alguna, como en el caso referido, en el que se salvó la víctima de la agresión, sólo porque no lo impactó con el codo en otro sitio del rostro. Si lo golpea en un costado, seguramente se habría producido una lesión de gravedad incalculable.
Este ex-Unión Magdalena, tiene una trayectoria reciente, surtida de este tipo de agresiones, actuando en los márgenes de la interpretación de la regla. Sostengo que este tipo de jugadores no deben tener más sitio en el fútbol. Porque son un peligro para el mismo deporte; porque pueden llegar a constituirse en protagonistas de una tragedia en cumplimiento de un partido. Ni un partido y ni siquiera un campeonato, justifican que exista un jugador gravemente lesionado.
Por: James Padilla Mottoa. Socio Acord Quindío
Foto: Generada con Inteligencia Artificial / Nano Banana
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