Incongruente o cuando menos paradójico que ahora nos veamos precisados a hacer una profunda reflexión sobre la importancia o no de contar con una buena cantidad de obras deportivas en Armenia, cuya trascendencia es de carácter regional.
Es que en el principio había nada o casi nada: un campo cercado con alambre de púas y una rústica estructura de cemento y guaduas que pomposamente llamábamos estadio San José, con la capacidad de albergar el fútbol profesional y además, con el blasón de haber conquistado un título nacional. Por lo demás, una pista atlética de arenilla, perteneciente a una guarnición militar y una serie de baldíos en diferentes sectores, la mayoría de ellos utilizados para la práctica del fútbol en predios de carácter privado que lógicamente se iban a perder, pasado el tiempo.
Alguna vez los dirigentes del baloncesto local, quijotes como son todos los que se meten en esos berenjenales, decidieron pedir la sede para un campeonato infantil nacional en Armenia. Ahí fue Troya. Sencillamente no tenía la ciudad un escenario para albergar tamaño compromiso. Casi de rodillas fueron los líderes del movimiento a suplicarle al padre rector del Colegio San Luis Rey el alquiler del pequeño coliseo que tenían frente a las galerías, en la calle 15. Eso nos motivó a todos a emprender una campaña que pedía escenarios dignos para el deporte local.
El hombre que estuvo atento a ese clamor fue el gobernador de entonces Silvio Ceballos Restrepo, quien dijo que eso solo sería posible si se llegara a crear la necesidad a través de un gran compromiso como la organización y realización de los Juegos Nacionales, para lo cual candidatizó a la capital quindiana con miras a las justas del año 1988. Todo un éxito de la clase dirigente de Armenia que consiguió la sede y pudo colmar sus expectativas en materia de los escenarios que se pedían. Gran estadio, moderno y suficiente coliseo, Villa Olímpica con canchas de tenis, pista atlética, coliseo cubierto excelente para gimnasia artística, más otro coliseo en las inmediaciones.
Quedamos completos y satisfechos, pero poco después nos dimos cuenta que habíamos abarcado más de lo necesario: el Coliseo del Café se nos volvió subutilizado, casi nadie practicaba la gimnasia artística, la pista atlética se nos deterioró y el Coliseo del Sur nunca supimos para qué sirve. Para completar, nos quedamos sin una buena representación en el fútbol profesional y entonces el Centenario nos quedó demasiado grande.
Y para colmo, vinieron otros, con motivaciones distintas, a inventarse otra sede de Juegos que obligó a la construcción de otra serie de escenarios de tipo magno, varios de los cuales ni siquiera alcanzaron a estar listos para ese certamen.
Tenemos una pista de BMX, de las mejores del continente, una bolera espectacular y un Complejo Acuático que sería orgullo para cualquier país. Pero no veo los deportistas; no hallo los certámenes que le den la utilidad y la rentabilidad a tales obras. Al punto que esos escenarios macro podrían llevarse en mantenimiento la mayor parte del presupuesto que se destina para la preparación de nuestros deportistas. No es que uno quiera pensar en pequeño, pero ante la realidad evidente es inevitable preguntarse: ¿y... más escenarios deportivos en Armenia, para qué?.
Por: James Padilla Mottoa. Socio Acord Quindío
Foto: Alcaldía de Armenia
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