Lo que en el papel prometía ser un duelo de protagonistas entre dos equipos llamados a pelear por el título y por el anhelado regreso a la primera división, terminó convertido en un partido desteñido, sin brillo, sin profundidad y, por momentos, hasta sin ambición.
Independiente del Valle del Cauca 0 – Deportes Quindío 0.
Un empate que suma en la tabla por tratarse de un partido como visitante, pero que poco aporta a la hora de evaluar el verdadero funcionamiento de un equipo que sigue buscando su identidad y que, jornada tras jornada, deja la sensación de estar caminando sobre un terreno de incertidumbres.
El Quindío salió con un 4-2-3-1, una estructura que había mostrado señales de equilibrio en los últimos compromisos, especialmente después de abandonar el esquema de tres centrales con el que venía iniciando los partidos. Por eso, el once inicial generó expectativa. Pero una cosa es la intención y otra muy distinta lo que ocurre dentro de la cancha.
Y esta vez el mediocampo no apareció.
Los volantes se atropellaron, las líneas se juntaron sin generar sociedades, los extremos pasaron prácticamente inadvertidos y el ataque volvió a quedar huérfano de ideas. En el primer tiempo apenas dos remates directos; en el segundo, tres. Algunas aproximaciones, sí, pero ninguna con la contundencia necesaria para hacer sentir verdadero peligro sobre el arco vallecaucano.
El Quindío tuvo la pelota por momentos, pero le faltó lo fundamental: profundidad, aceleración y decisión en los últimos metros.
Y cuando no se tiene eso, difícilmente se puede pensar en ganar.
La lesión de Yosimarc Torres al minuto 35 obligó a mover las piezas. Pero la solución terminó generando un problema mayor.
Ingresó Jaminson Sandoval y Santiago Roa fue adelantado como extremo. Desde nuestra perspectiva, ahí apareció una decisión difícil de entender, porque Roa venía cumpliendo correctamente como lateral, su posición natural, mientras que el partido pedía otra clase de solución.
José Lloreda pudo haber sido una alternativa más lógica sin necesidad de desarmar una pieza que estaba funcionando.
El movimiento desacomodó al equipo y terminó afectando a varias líneas. Roa no logró adaptarse a su nueva función y el Quindío perdió parte del orden que había conseguido por momentos en el arranque.
Si a eso le agregamos el discreto momento de Jhonier Viveros, lejos de la versión que puede desequilibrar por las bandas, y que Javier Reina no fue el líder del mediocampo que se esperaba, el panorama ofensivo terminó siendo todavía más preocupante.
Joel Silva, otra vez el salvador
Si el cero se mantuvo en el marcador no fue solamente por la falta de eficacia del rival.
El Independiente del Valle del Cauca también tuvo sus posibilidades y, de no ser por una nueva actuación sobresaliente de Joel Silva, el Quindío pudo haber regresado con las manos vacías.
El arquero volvió a responder cuando fue exigido y terminó siendo uno de los grandes responsables de que el equipo conservara el arco en cero.
También hay que destacar algunos buenos momentos de la línea defensiva, pero no podemos esconder una realidad: el Quindío volvió a conceder oportunidades producto de errores individuales.
Y eso empieza a ser preocupante.
¿Falta de fútbol, de actitud o de dirección?
El interrogante queda instalado.
¿Cómo puede un equipo mostrar en determinados partidos orden, solidaridad, equilibrio y mejores argumentos futbolísticos, y en otros aparecer confundido, atropellado y carente de ambición?
¿Es el módulo táctico?
¿Son los jugadores?
¿Es la interpretación del sistema?
¿Es la falta de actitud?
¿O es un poco de todo?
Porque lo que no puede ocurrirle a un equipo que tiene como único gran objetivo pelear por el ascenso es ofrecer actuaciones tan contradictorias.
Este 0-0 puso al día el calendario, dejó un punto en condición de visitante y mantuvo al Quindío sumando, pero también volvió a encender las alarmas.
No siempre se puede ganar. Eso está claro. Pero un equipo que pretende ser campeón tiene que mostrar personalidad, ambición y una idea clara de juego, incluso cuando las cosas no salen bien.
El problema es que al Quindío todavía se le ve buscando respuestas que, a estas alturas del campeonato, ya debería haber encontrado.
El tiempo pasa, los partidos se acumulan y el margen de error se reduce.
El punto sirve. El fútbol, no tanto.
Y mientras el Quindío siga dependiendo de individualidades, de la inspiración de su arquero y de momentos aislados, la pregunta seguirá siendo la misma:
¿Realmente está este equipo preparado para pelear por el ascenso?
Porque con partidos desteñidos, decisiones que generan más dudas que soluciones y una falta evidente de continuidad futbolística, el camino hacia la primera división se hace cada vez más cuesta arriba.

Por: Guillermo Valencia Ruiz. Socio Acord Quindío
Foto: Independiente Valle del Cauca | Tratamiento visual con IA para ajustar a tamaño horizontal
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