Los colombianos no tenemos término medio. Y cuando se trata de la competencia deportiva, ese es un elemento que siempre nos caracteriza y nos mengua las posibilidades.
Cuando Colombia gana, somos los mejores, candidatos a un lugar de honor en la Copa del Mundo y cuando perdemos, somos un equipo la muestra de que todo aquello que dicen, es verdad inapelable.
Los otros, los aficionados rasos, los de televisión y papitas fritas en la comodidad de la sala o de la cama, se dividen entre quienes pronostican el lugar más oscuro y quienes aseguran que vamos muy bien, rumbo a una actuación sin precedentes porque contamos con las figuras necesarias y la convicción de que estamos metidos en el selecto grupo de los mejores.
Entre estas dos vertientes el margen que queda para el análisis frío y más acertado, es muy escaso: la actuación ante Croacia dejó reflexiones muy importantes sobre los gruesos errores que costaron la derrota, pero también la certeza de que se hizo un juego digno ante un poderoso seleccionado, con magníficos jugadores y con un trabajo evidente que le da un funcionamiento excelente frente a todos los retos que plantea un desafío.

Hay jugadores que están en pésimo nivel futbolístico, al punto que, por ejemplo, durante el tiempo que tuvimos a James en la cancha, prácticamente jugamos con un hombre menos. Apenas normal, pues, sabíamos de antemano que el 10 hace mucho que no juega, realmente.
Jugar con privilegios es una decisión muy arriesgada para Lorenzo o cualquier técnico en circunstancias parecidas. Además, hay otros que no están en forma para entrar en esta competencia por un cupo, prácticamente en la antesala del mundial.

El arquero Vargas falló para el segundo gol de los croatas y en el medio ni Ríos ni Lerma nos mostraron la capacidad que llegaron a tener en citas anteriores. Arriba, Lucho y Suárez no contaron con la asistencia requerida y lógicamente naufragaron ante una férrea defensa que mostró demasiado oficio para pararlos, por las buenas o por las malas.
Esto es lo que hay que corregir en lo individual, porque en el juego de conjunto se tiene que mejorar en dinámica o intensidad, velocidad y movilidad para penetrar esquemas defensivos bien compactos como el que presentaron nuestros oponentes en los momentos en que fueron exigidos.
Vi a Francia que es nuestro rival de mañana, y espero que podamos corregir en parte los errores que presentamos de medio campo hacia atrás. Los galos tienen velocidad, mucha movilidad y jugadores en gran momento.
Un conductor como Olisé, que destroza adversarios y coloca las asistencias con una precisión inigualable. No olvidemos que la falta de temperamento para encarar los partidos ha sido por siempre, la causa de nuestras derrotas.
El de este domingo es un reto para sacar mejores conclusiones porque Francia sigue demostrando que tiene fútbol para grandes aspiraciones en el mundial que se avecina.
Por: James Padilla Mottoa. Socio Acord Quindío
Fotos: Federación Colombiana de Fútbol
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