No, no es una crisis. Y hay que decirlo de entrada para evitar la lectura fácil. El Deportes Quindío está clasificado, suma 25 puntos en 13 fechas, perdió apenas dos partidos y ocupa la parte alta de la tabla de este Torneo BetPlay. Hace rato no veíamos un equipo así de competitivo.

Pero el partido de anoche en Cartagena prende una alarma. No por el resultado, sino por lo que revela. Y lo que revela no es menor.

Quindío no está siendo superado de manera constante. No es que los rivales lo pasen por encima o lo dominen de principio a fin. No, el equipo compite, responde, lucha, empareja los partidos, pero hay momentos —los que definen todo— donde el Quindío está tomando malas decisiones. Y ahí está la diferencia.

Pasó en Armenia contra Unión Magdalena. Arranque de partido, presión alta del rival, mala salida desde la mitad, pérdida de balón y gol en contra. Luego, el equipo se repone, empata, vuelve al partido, pero en una jugada de transición, cuando había que decidir bien, se falla y aparece Andrés Carreño, quien había hecho el primero, para poner el segundo y sellar la victoria del ‘Ciclón’.

Anoche fue un espejo casi exacto. Minutos iniciales y ya el equipo estaba abajo en el marcador. ¿Por qué? Porque al frente hay un tipo como Freddy Montero, que no necesita diez opciones para resolver una. Después Quindío reacciona, empata, se mete en el partido. Pero otra vez, en una acción puntual, aparece la jerarquía rival: Jarlan Barrera filtra un balón con precisión quirúrgica y Montero define como lo que es, un goleador.

Y ahí es donde empieza a doler la comparación.

Porque mientras los otros tienen quien decida, Quindío necesita insistir diez veces para convertir una. Andrés Carabalí lucha, corre, mete, pero no es un goleador de raza. Joao Rodríguez tiene velocidad, desborde, pero juega para él, no para el equipo, se queda con el balón en los pies ante los gritos y los gestos de sus compañeros, como el niño egoísta del barrio. Y Lloreda, que es quizá el más generoso en el esfuerzo, termina jugando demasiado lejos del arco.

El equipo llega, pero no concreta, y eso termina desbalanceando los partidos.

El otro problema es más silencioso, pero igual de grave: Quindío hoy juega sin contención. Desde la ‘para’ de Armando Preciado porque no llegó a un acuerdo económico con Hernando Ángel, dueño del club, el equipo perdió ese filtro en la mitad. Ponen a Roa, Córdoba, Angulo, todos con entrega, con ganas, pero ninguno con el oficio, con la intensidad que se requiere en ese puesto. Yosimarc Torres lo estaba logrando, pero se lesionó.

Y eso se nota.

Los rivales cruzan la mitad del campo con demasiada facilidad. No hay quien corte, quien ensucie la jugada, quien incomode antes de que el balón llegue a la zaga. Entonces la defensa queda expuesta, resistiendo, aguantando, hasta que, en uno o dos errores, cae el gol.

Es una autopista sin peaje en la mitad.

Por eso esta columna no es para alarmar, pero sí para advertir, porque este equipo ha mostrado cosas buenas, muy buenas, pero los partidos que perdió fueron justamente contra rivales directos para el ascenso. Y eso no es un detalle menor.

Porque en los cuadrangulares no gana el que más lucha, gana el que mejor decide.

Por: Jhon Mario Zuluaga. Socio Acord Quindío

Foto: Real Cartagena TV (imagen adaptada)