Cuando vino al Deportes Quindío Hernando Ángel, en una de las tantas crisis financieras que tuvo el equipo, le extendimos una carta de crédito para su gestión, compartida en ese momento inicial con los señores César Guzmán y Juan Narváez, este último un empresario vallecaucano de muy buen pasar en la capital inglesa.
La carta siguió teniendo vigencia cuando quedó el señor Ángel, solo, al frente del equipo, luego de adquirir los derechos que tenían sus socios. Era justificable la fe en ese momento porque se trataba de un veterano dirigente del fútbol aficionado del Valle del Cauca, con gran prestigio en la exitosa dirección de su proyecto Boca Juniors.
Pero no, pasó el tiempo sin resultados notables y plenamente se llegó a la conclusión de que al dirigente no importaba el ascenso de un deprimido Quindío, pues con poco o menos seguía recibiendo el mismo dinero que se entrega a los equipos del fútbol profesional en Colombia. Negocio redondo: la misma plata para una nómina modesta de jugadores ídem.
Lamento de los hinchas y muy pocas perspectivas a futuro. Solo se vislumbra la posibilidad de una venta del equipo para cambiar de aire y de mentalidad en la búsqueda de sus objetivos. Alternativa que se niega repetidamente porque para Ángel, dueño de un ego estratosférico, tener dos equipos profesionales en manos de una persona natural, no es algo corriente o fácilmente equiparable en el mundo.
Ahora hemos leído en nota firmada por Luis Carlos Rodríguez Peralta, que al parecer los llamados equipos grandes del FPC están dispuestos a dar la batalla decisiva para que la Dimayor haga una repartición diferenciada entre sus equipos de los recursos percibidos por derechos de televisión y patrocinios, teniendo en cuenta currículo o trayectoria, inversiones en plantilla y organización deportiva.
No sé si eso podrá darse ahora, cuando los ingresos van a duplicarse en el nuevo contrato de televisión y seguramente en los patrocinios del torneo. No sabemos si existe una nueva estrategia de esos grandes para superar el escollo de las mayorías, porque esta ambición no es nada nuevo y siempre han salido perdedores en la Asamblea de la entidad. De todas maneras, es una nueva luz que sale en el camino para las aspiraciones de los seguidores del equipo cafetero, abrumados por 26 años de frustraciones y burlas.
Si llegara a darse lo que pretende el grupo de los grandes equipos, significaría que los otros tendrían que ganarse el reconocimiento para recibir el dinero en la proporción que lo han venido recibiendo. Y para ese reconocimiento que debe traducirse en resultados, solamente cabe invertir en buenos jugadores que hagan planteles respetables que demuestren su estatus para estar en la categoría mayor.
Por: James Padilla Mottoa. Socio Acord Quindío
Foto: Jerson Marín. Socio Acord Quindío
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