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OPINIÓN

El deporte crece en las calles, pero ¿quién está contando la historia?

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El deporte en el Quindío está viviendo un momento extraordinario. Y sin embargo, nadie lo está contando bien.

Lo veo a diario. Corredores que madrugan, ciclistas que llenan las carreteras los fines de semana, grupos de entrenamiento que se organizan por WhatsApp y salen juntos sin que nadie los convoque oficialmente. El movimiento ya no cabe en los estadios ni en los calendarios federados. Se desbordó hacia las calles, los parques, la vida de todos los días. Y con él llegó algo más que el número de participantes: nació una comunidad que entiende el deporte como parte esencial de su calidad de vida.

Pero mientras ese fenómeno crece, la narrativa que lo rodea se empobrece.

Para muchos promotores de estos eventos, la prioridad está en lo comercial: un creador de contenido o influenciador con miles de seguidores termina pesando más que el ejercicio periodístico con contexto. El cubrimiento, en la mayoría de casos, se reduce a una rueda de prensa. Lo he visto recientemente en algunas de las carreras más esperadas en Armenia: esa ha sido, en esencia, la única instancia de encuentro entre quienes organizan y los medios. Sin acreditaciones, sin plan de medios, sin un lugar real para el periodista dentro del evento como partícipe activo. Todo queda contado en reels, fotos, likes y stories que desaparecen en 24 horas. No hay relato. No hay memoria. No hay historia.

Eso no es un problema menor. Es una señal de cómo estamos entendiendo el deporte: como espectáculo de consumo rápido, no como un fenómeno cultural que merece ser documentado con rigor. Y no soy la única que lo ve. Luis Carlos Rodríguez Peralta, presidente de Acord Quindío, ya ha puesto esta discusión sobre la mesa: periodistas, influenciadores y youtubers no son lo mismo, aunque muchos insistan en tratarlos igual.

El periodismo deportivo no es un privilegio que los organizadores le conceden a los medios. Es una inversión en la calidad de lo que se cuenta. Ciudades como Bogotá ya lo han entendido: algunos de sus eventos más importantes integran activamente a los comunicadores, con acreditaciones reales, acceso completo y un lugar genuino en el ecosistema del evento. El resultado no es solo mejor cobertura. Es una historia que permanece, que educa, que construye.

En el Quindío tenemos el fenómeno. Lo que falta es la decisión de contarlo en serio.

El reto no es elegir entre el influenciador y el periodista. Es entender que uno genera impacto inmediato y el otro construye relato en el tiempo. Y que un movimiento deportivo que no tiene quién lo narre con rigor, tarde o temprano, se queda sin historia.

Porque el deporte ya está en las calles. La pregunta es si estamos dispuestos a contarlo a la altura de lo que significa.

Por: Paola Morales Castaño. Socia Acord Quindío

Foto: William Mora

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Paola Morales Castaño

Paola Morales Castaño

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Colaborador y redactor de OPINIÓN.

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