En un mundo obsesionado con el cronómetro,  donde la ‘cronopatía’ hace de las suyas en la cual  la obsesión por el tiempo y la necesidad compulsiva de maximizar la productividad; la medalla y el rendimiento físico extremo, hemos pasado por alto la meta más importante, sí, esa que se corre y se disputa dentro de la mente. 

Tradicionalmente, el deporte se ha vendido como una herramienta de estética o de competencia. Una exigencia que ha llevado a las nuevas generaciones a los límites de la vigorexia: esa dismorfia corporal o alteración de la imagen que genera una preocupación excesiva hacia el propio cuerpo. En esa carrera contra el tiempo, el equilibrio emocional se rompe. La ciencia y la realidad social contemporáneas nos obligan hoy a desplazar el foco. Ya no se trata solo de cuántos kilómetros recorre el cuerpo, sino de cuánta paz alcanza el pensamiento a través de este.

La neuroquímica de la resiliencia

Bien lo dice Boris Cyrulnik (2024): "La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes. Es la capacidad de un cuerpo o de un alma para recuperar su forma después de haber sido sometido a una presión deformadora. No es solo sobrevivir, es el proceso de tejer de nuevo la propia biografía, transformando la herida en una perla”. Texto extraído de Los patitos feos: la resiliencia y el trauma (Edición actualizada 2024).

Así, desde la neuropsicología, se entiende que el ejercicio no es solo moverse. Es una intervención neurobiológica de primer nivel. Al realizar actividad física, el cerebro se convierte en un laboratorio que segrega endorfinas, dopamina y serotonina, el llamado cuarteto de la felicidad. Sin embargo, el impacto va más allá del bienestar inmediato.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física regular es fundamental para prevenir y ayudar a manejar las enfermedades crónicas no transmisibles, pero también para reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad, estas dos últimas, responsables en gran medida del suicidio en la adultez joven (OMS, 2023; OPS, 2025). 

Y es que los beneficios de hacer deporte con propósito, fabrica en el cerebro del sujeto, esa ‘farmacia interna’ (las sustancias químicas anteriormente mencionadas), que actúan como un amortiguador del cortisol, la hormona del estrés, que entre otras, en los deportistas de alto rendimiento y en profesiones de gran demanda social, suelen estar en niveles críticos y ya no es solo un tema de hobby sino de responsabilidad de cuidado propio y del cuidado de otro, en un mundo donde lo visible rompe en grandes impactos y devastadoras realidades. 

Más allá del marcador, el tejido social

Para quienes trabajamos en el ámbito educativo y social, el deporte se revela como el lenguaje universal de la convivencia. No es solo competencia; es aprendizaje del fracaso, gestión de la frustración, control inhibitorio, autorregulación emocional y construcción de vínculos para una sociedad que reclama de sujetos funcionales. El deporte colectivo, en particular, funciona como un microcosmos de la sociedad donde se entrenan la empatía y la solidaridad.

Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry (agosto de 2018), tras analizar a 1,2 millones de personas, concluyó que quienes realizan ejercicio tienen un 43% menos de días de ‘mala salud mental’ al mes. Lo interesante es que los deportes de equipo mostraron un beneficio superior, subrayando que la conexión humana es el mejor catalizador del bienestar emocional, entendiendo que el gregarismo es una condición inherente al ser humano, desde las comunidades primitivas para sobrevivir en ambientes que constriñen los principios básicos de la felicidad.

El reto del periodismo actual

Por ello, es importante hacer un llamado a la reflexión y de responsabilidad para quienes tienen la posibilidad de gestionar información desde los medios de comunicación y ese llamado obedece a la necesidad de cambiar la narrativa. 

Es importante dejar de reportar el deporte únicamente desde la estadística del triunfo y empezar a narrarlo y a describirlo como un derecho humano vinculado a la salud mental. En una época de agotamiento crónico y ansiedad digital, el deporte no es un lujo decorativo; es una estrategia de supervivencia.

Correr, nadar o simplemente caminar no nos hace mejores que otros; nos hace mejores con nosotros mismos. Ese es el verdadero podio: el de la estabilidad emocional, la claridad mental y la alegría de habitar un cuerpo que, por encima de todo, nos permite sentir y pensar.

¡Por una sociedad que priorice su salud mental!

Por: Liliana Bustamante Rave. Socia Acord Quindío

Foto: Generada con Inteligencia Artificial / Nano Banana