Hay una realidad incómoda que pocos se atreven a decir en voz alta en el Quindío: hoy, varias entidades públicas y algunos institutos descentralizados se han convertido, en la práctica, en una forma de competencia desleal para los medios de comunicación.

No se trata de una percepción ligera. Es una práctica recurrente que está debilitando aún más a un sector que ya enfrenta serias dificultades económicas.

Los medios locales sobreviven, en gran parte, gracias a la pauta institucional. En un departamento con un mercado publicitario reducido, donde el sector privado también atraviesa limitaciones, la inversión pública resulta fundamental para sostener redacciones, pagar periodistas y mantener al aire emisoras, portales y periódicos.

Sin embargo, lo que debería ser un respaldo termina convirtiéndose en un obstáculo.

Hoy es frecuente que, bajo convenios de pauta institucional, las entidades cambien las reglas del juego. Lo que inicialmente se contrata como difusión de mensajes de interés público —campañas, pedagogía ciudadana o informes de gestión— termina derivando en la promoción de eventos, ferias, congresos o actividades específicas.

Un mercado que se cierra

El problema es claro: estos eventos quedan completamente cerrados para la comercialización de los medios.

En la práctica, el mensaje es contundente: “No es necesario pautar con los medios, porque ya está incluido en los convenios institucionales”. Así, las entidades no solo pautan, sino que ocupan el espacio comercial que debería estar abierto al mercado.

Sin proponérselo abiertamente, terminan distorsionando la competencia.

El resultado es grave: los medios no pueden ofrecer sus servicios, pierden oportunidades de ingreso y quedan sujetos a condiciones que no negocian en igualdad. Se rompe la dinámica natural de oferta y demanda y se limita la sostenibilidad de empresas periodísticas que dependen de cada contrato.

Una crisis que se profundiza

Este escenario no es menor. En el Quindío ya se han visto cierres de emisoras, reducción en la circulación de medios impresos y pérdida de empleos en el sector periodístico.

A esto se suma un riesgo silencioso: la dependencia. Cuando un medio depende casi exclusivamente de la pauta institucional, su margen de independencia se reduce. Y aunque la ética periodística se mantiene como principio, la presión económica siempre está presente.

La contradicción evidente

Hay una realidad aún más directa: a los medios los necesitan, pero no los quieren pagar.

Los organizadores de eventos lo saben. Reconocen el valor de los medios en la difusión, posicionamiento y éxito de cualquier actividad. Sin prensa no hay visibilidad, sin visibilidad no hay impacto.

Por eso llaman, invitan y solicitan cubrimiento.

Y los medios responden: cámaras, micrófonos, redes sociales activas. Cumplen su papel.

Pero cuando llega el momento de hablar de un plan de medios, el discurso cambia:

“Hablen con la Gobernación”

“Eso ya está con la Alcaldía”

“Ese tema lo maneja la Cámara de Comercio”, por solo nombres dos o tres entidades. 

Y ahí termina todo .

Se cierra la puerta sin siquiera abrir la posibilidad de una negociación. No se valora el trabajo ni se reconoce que detrás de cada publicación hay una empresa que necesita sostenerse.

Una práctica que se volvió costumbre

Esto ya no es un caso aislado. Se ha convertido en una práctica recurrente.

Bajo el argumento de convenios institucionales, los eventos quedan “blindados” comercialmente, dejando por fuera a los medios de cualquier posibilidad de participación.

Y aquí el problema es más profundo: no solo se limita el ingreso de los medios, sino que se desvirtúa el propósito de la pauta institucional. Lo que debería ser comunicación pública termina convertido en promoción de eventos, cerrando el mercado y generando una competencia desigual.

Un llamado urgente

El llamado no es a eliminar la pauta oficial. Todo lo contrario: es necesaria y debe fortalecerse.

Pero debe hacerse con reglas claras, respetando su propósito y sin invadir el terreno comercial que corresponde a los medios.

Los eventos, ferias y congresos que llegan al Quindío —y que tanto se celebran por su impacto económico— deberían abrir oportunidades para todos, incluidos los medios. No cerrarlas.

Se necesita coherencia:

Si los medios son fundamentales para el éxito de los eventos, deben ser incluidos en su estructura comercial.

Si existen convenios institucionales, estos no deben bloquear la libre oferta de servicios.

Si se quiere fortalecer el ecosistema informativo, hay que garantizar su sostenibilidad.

Porque el periodismo no vive de invitaciones.

Vive de su trabajo.

Y ese trabajo, como cualquier otro, merece ser valorado y remunerado

Por: Luis Carlos Rodríguez Peralta. Presidente Acord Quindío

Foto: Generada con Inteligencia Artificial / Nano Banana