En las redacciones colombianas, donde el sonido de los teclados compite con la urgencia de la noticia, hay una presencia constante, firme y resiliente: la de las mujeres periodistas. No siempre fue así. Hubo un tiempo en que su voz era secundaria, cuando sus preguntas incomodaban más por quién las hacía que por lo que buscaban revelar. Hoy, aunque el panorama ha cambiado, la lucha sigue escribiéndose en cada historia que publican.

A las cinco de la mañana, mientras la ciudad apenas despierta, muchas de ellas ya están en pie. Preparan libretas, revisan agendas, ajustan cámaras o encienden micrófonos. Algunas son madres, otras estudiantes, muchas sostienen hogares enteros. Todas comparten algo: la convicción de contar lo que ocurre, aunque eso implique exponerse.

En Colombia, ejercer el periodismo nunca ha sido una tarea sencilla. Menos aún para las mujeres. A la presión propia de la inmediatez informativa se suman desafíos más silenciosos, pero igual de pesados: comentarios inapropiados en las salas de redacción, oportunidades negadas, salarios desiguales, y en los casos más graves, situaciones de acoso laboral y sexual que han salido a la luz en distintos momentos.

Sin embargo, lo que podría haberlas silenciado, ha terminado por fortalecerlas. Las denuncias no solo han revelado realidades incómodas, también han generado redes de apoyo, conversaciones necesarias y una transformación, lenta pero visible, en la cultura de los medios. Cada historia contada por una mujer periodista lleva, además de datos y contexto, una carga de valentía.

En el terreno, son ellas quienes entrevistan a víctimas del conflicto, quienes narran las desigualdades sociales, quienes le ponen rostro humano a las cifras. Son cronistas de la vida cotidiana y también de las tragedias. Y lo hacen con una sensibilidad que no debilita el rigor, sino que lo enriquece.

A pesar de los escándalos, de las puertas cerradas y de las veces que han tenido que alzar la voz para defender su lugar, siguen ahí. No por terquedad, sino por vocación. Porque entienden que el periodismo no solo informa: transforma.

Hoy, más que nunca, su trabajo se sostiene sobre dos pilares inquebrantables: la dignidad y el orgullo. Dignidad para no callar ante la injusticia. Orgullo por cada historia publicada, por cada verdad revelada, por cada espacio ganado.

En cada emisión, en cada artículo, en cada reportaje, las mujeres periodistas en Colombia siguen demostrando que su voz no solo es necesaria: es imprescindible. Y aunque el camino aún tenga sombras, ellas continúan avanzando, iluminándolo con palabras.

Por: Luis Carlos Rodríguez Peralta. Presidente Acord Quindío

Foto: Generada con Inteligencia Artificial / Nano Banana